Colombia vive horas de profundo dolor. El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió parte de su territorio deja hasta ahora al menos 169 fallecidos, 668 heridos y una angustiosa búsqueda de personas cuyo paradero todavía desconocen sus familias. Cali y Pereira concentran buena parte de las víctimas, mientras comunidades de Valle del Cauca, Risaralda, Chocó y otras zonas afectadas comienzan a dimensionar una tragedia cuyos números, lamentablemente, aún pueden cambiar.
Hay momentos en que las fronteras dejan de importar y el sufrimiento de un pueblo se convierte en el dolor de todos. Hoy pensamos en las familias que perdieron a un ser querido, en quienes esperan noticias frente a los escombros, en los heridos y en los hombres y mujeres que trabajan contra el tiempo buscando sobrevivientes. También en un país que tendrá que levantarse material y emocionalmente después de una mañana que cambió para siempre la vida de miles de personas.
Desde República Dominicana miramos a Colombia con cariño y solidaridad. Nos unen historia, cultura y afectos que en momentos como este adquieren un significado todavía mayor. Que la ayuda internacional llegue pronto, que aparezcan con vida quienes todavía son buscados y que el pueblo colombiano encuentre fortaleza para atravesar estos días tan difíciles. Hoy nuestras palabras son pocas frente a tanto dolor, pero nuestro abrazo es inmenso.
