Aníbal de Castro dejó una reflexión oportuna: en tiempos de inteligencia artificial, algoritmos y sobreabundancia informativa, el periodismo no pierde valor; lo recupera. Cuando cualquiera puede publicar y una máquina producir contenidos en segundos, distinguir lo verdadero de lo falso y lo importante de lo simplemente atractivo se convierte en una tarea esencial.
La tecnología puede facilitar buena parte del trabajo, pero no sustituye el criterio, la independencia ni la responsabilidad. Mucho menos la capacidad de preguntar, dudar, verificar y comprender. De ahí su acertada advertencia: el peligro comienza cuando las redacciones confunden lo que atrae con lo que importa.
El desafío no es competir con la inteligencia artificial, sino aprender a utilizarla sin renunciar a aquello que ninguna herramienta debería decidir por nosotros. Mientras la sociedad necesite comprender los hechos y no simplemente recibir información, seguirá necesitando periodistas. Y quizás hoy, más que nunca.
