La llegada del doctor Julio Landrón al Servicio Nacional de Salud debe verse como una oportunidad para hacer una gestión más conectada con la realidad. En instituciones tan delicadas como esa, no basta con recibir informes ni con escuchar versiones por arriba. Hay que ir, ver, escuchar y entender lo que está pasando de verdad.
Todo funcionario que dirige una institución pública necesita manejar buena información, pero también necesita comprobar por sí mismo cómo se están moviendo las cosas. Una cosa es lo que le cuentan en una oficina y otra muy distinta es lo que se vive en un hospital, en una sala de espera o en un pasillo donde el personal y los pacientes enfrentan problemas reales todos los días.
Por eso es importante que quien esté al frente del sistema de salud no gobierne a ciegas. Cuando un director pisa el terreno, conversa con la gente y se empapa de lo que ocurre, tiene más herramientas para corregir, decidir mejor y responder a tiempo.
Julio Landrón tiene ahora la oportunidad de marcar la diferencia entre una gestión más o una gestión que de verdad deje resultados. La salud pública necesita dirección, sí, pero también necesita funcionarios con oído, con vista y con los pies en la tierra.
