Han pasado casi cinco años desde que se dictaron las medidas de coerción, y el juicio de fondo ni siquiera ha comenzado. Audiencias aplazadas, incidentes que se repiten, maniobras procesales que parecen diseñadas para ganar tiempo. El resultado es el mismo de siempre: el riesgo real de que el caso termine sin sentencia, no por falta de pruebas, sino por agotamiento del sistema.
Cuando un proceso de esta magnitud se dilata sin consecuencias, lo que se instala en la mente de la gente es que la corrupción puede tener salida… si se sabe jugar con el tiempo.
El más reciente informe de Participación Ciudadana sobre el caso del exprocurador Jean Alain Rodríguez vuelve a enrostrarnos que la justicia dominicana sigue siendo lenta… peligrosamente lenta.
