El Partido Revolucionario Moderno se encuentra ante uno de los momentos más importantes de su todavía joven historia. Después de haber conquistado dos veces consecutivas la Presidencia de la República, su principal desafío ya no consiste solamente en ganar elecciones, sino en demostrar que puede administrar responsablemente el poder, organizar una transición interna y preservar la unidad que lo convirtió en la principal fuerza política de la República Dominicana.
En ese contexto, la propuesta de consenso que coloca al presidente Luis Abinader al frente de la organización y a Juan Garrigó Mejía en la Secretaría General constituye una decisión política acertada, equilibrada y con una profunda carga simbólica. No se trata simplemente de distribuir posiciones dentro de la estructura partidaria. Se trata de proteger la estabilidad del PRM, conservar su identidad fundacional y preparar al partido para los retos políticos y electorales de los próximos años.
La combinación de Luis Abinader y Juan Garrigó Mejía representa, por tanto, mucho más que una fórmula administrativa. Representa el encuentro entre las dos grandes sensibilidades políticas que conformaron el ADN original del PRM. Es continuidad con renovación, experiencia con juventud y autoridad política con conocimiento de la vida interna de la organización.
El liderazgo necesario de Luis Abinader
La decisión de impulsar al presidente Abinader para encabezar el PRM responde a una realidad incuestionable: actualmente es la figura con mayor liderazgo, legitimidad y capacidad de arbitraje dentro del partido.
Abinader no solamente ha conducido al PRM a dos victorias presidenciales consecutivas. También ha demostrado condiciones de estadista en momentos especialmente complejos para el país. Le correspondió gobernar durante las consecuencias de una pandemia, enfrentar dificultades económicas internacionales, preservar la estabilidad nacional y conducir un proceso de recuperación que permitió mantener a la República Dominicana como una de las economías más dinámicas de la región.
La obra de gobierno de Luis Abinader no debe medirse exclusivamente por los indicadores económicos. Su principal aporte ha sido fortalecer una cultura política basada en la institucionalidad, la transparencia, la independencia de los poderes públicos y el respeto a los límites constitucionales.
La reforma constitucional de 2024, mediante la cual se reforzaron las restricciones a la reelección presidencial, constituye una demostración de desprendimiento y visión histórica. Pocas veces un gobernante con una mayoría política tan amplia utiliza su poder para limitarse a sí mismo y cerrar cualquier posibilidad de continuismo personal. Esa decisión proyecta a Abinader como un estadista que ha colocado la estabilidad democrática por encima de sus intereses particulares.
Esa autoridad moral y política es precisamente la que necesita el PRM para conducir el proceso de renovación que se aproxima. El partido está en una etapa de múltiples aspiraciones presidenciales, municipales y congresuales. Su figura con suficiente legitimidad garantiza reglas claras, equilibrio y respeto entre los distintos sectores.
Abinader desempeñará el papel de garante de la unidad, siempre preservando la necesaria separación entre las responsabilidades del Estado y la vida partidaria. Su misión al frente del PRM no será favorecer una corriente o una candidatura, sino asegurar que todas las legítimas aspiraciones puedan desarrollarse dentro de un marco de respeto, institucionalidad y disciplina.
Juan Garrigó y la renovación con experiencia
La elección de Juan Garrigó Mejía como secretario general también constituye una apuesta inteligente por el futuro.
Por su edad, algunos podrían presentarlo únicamente como una expresión de relevo generacional. Sin embargo, su trayectoria demuestra que no se trata de una figura improvisada ni de alguien ajeno al funcionamiento interno del PRM. Juan a pesar de ser un hombre joven, acumula ya mas de una década en la actividad política, siempre jugando en las grandes ligas y con grandes resultados para su partido en los procesos electorales, a la organización y al servicio público.
Desde 2016 ha participado activamente como miembro uno de los actores principales de la comisión de alianzas. Para 2017 ya ejercía responsabilidades politicas vinculadas al bloque de senadores y a la Comisión Política del PRM. En 2018 acompañaba institucionalmente a la Secretaría General del PRM en sus relaciones con organismos como la Junta Central Electoral y, desde 2020, ha ocupado responsabilidades como viceministro de Gestión Social y Comunitaria.
Juan ha tenido, por tanto, la oportunidad de conocer el partido desde dentro, comprender sus estructuras, participar en sus procesos y mantener contacto con dirigentes de diferentes niveles. También pertenece a una generación que entiende las nuevas formas de comunicación política, las demandas de los jóvenes y la necesidad de modernizar las organizaciones sin desconectarlas de sus bases.
Su vínculo familiar con el expresidente Hipólito Mejía y con Carolina Mejía tiene una indudable dimensión política e histórica, pero no debe ser utilizado para desconocer sus méritos propios. El apellido puede explicar una tradición, pero no sustituye el trabajo, su preparación ni la experiencia acumulada.
Su llegada a la Secretaría General representa la continuidad de una de las fuerzas fundadoras del PRM, pero al mismo tiempo envía un mensaje de apertura hacia una nueva generación. Es la demostración de que la renovación no tiene que producirse mediante rupturas traumáticas y que la experiencia y la juventud pueden convivir dentro de una misma dirección.
Garantias de la unidad
La unidad debe sentirse en las provincias, los municipios, las circunscripciones, las zonas y los colegios electorales. Tiene que incluir a los dirigentes que construyeron el partido desde la oposición, defendieron sus votos, recorrieron las comunidades y mantuvieron encendida la esperanza del cambio.
La Secretaría General con Juan a la cabeza será sin dudas en una verdadera vía de comunicación entre la dirección nacional y la militancia. El corazón operativo del partido, acompañando a sus estructuras, atendiendo conflictos y garantizando que las decisiones nacionales sean comprendidas y aplicadas en todo el territorio.
Continuidad, renovación y futuro
La combinación de Luis Abinader como presidente y Juan Garrigó Mejía como secretario general puede ofrecer ese necesario punto de equilibrio. Abinader representa la autoridad política, la experiencia de gobierno y el liderazgo que ha conducido al partido a sus mayores victorias. Garrigó representa la renovación generacional, el conocimiento de la organización y la continuidad de una de las grandes tradiciones que dieron origen al PRM.
Juntos reflejan el ADN de una organización que nació de la unión de dos grandes fuerzas políticas y que solamente podrá mantenerse en el poder si conserva esa unidad.
El PRM debe mirar hacia el futuro, pero sin olvidar de dónde viene. Debe renovarse, pero sin desconocer a quienes construyeron su historia. Abrir espacio a nuevas generaciones, pero preservando la experiencia, los valores democráticos y la vocación de servicio que hicieron posible su nacimiento.
La propuesta de Luis Abinader y Juan Garrigó Mejía no debe verse simplemente como el relevo de unas autoridades partidarias,es la construcción de un puente entre el origen del PRM y su porvenir.
Un puente para garantizar la unidad, fortalecer la institucionalidad y preparar al partido para continuar en el poder.
