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Entre la calma y el sacrificio

por Glenn Davis Felipe Castro
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Periodista Glenn Davis Felipe Castro

El discurso del presidente Luis Abinader sobre el impacto de la crisis internacional del petróleo deja una señal que, en medio de tanta incertidumbre global, merece ser valorada. No optó por maquillar el escenario ni por vender una tranquilidad artificial. Admitió que vienen presiones sobre el transporte, la electricidad y los alimentos, pero al mismo tiempo intentó transmitir que el Gobierno tiene un plan para amortiguar el golpe.

El anuncio de mantener sin alza el GLP, subsidiar fertilizantes y reforzar los programas sociales apunta en la dirección correcta, porque coloca la atención sobre los sectores que primero sienten cualquier sacudida económica. La población entiende las crisis externas, lo que no tolera es que esos momentos sirvan de excusa para la improvisación, el desorden o la ineficiencia.

Hay un punto del mensaje presidencial que no debe pasar desapercibido: República Dominicana no enfrenta una crisis nacida dentro de su economía, sino un choque importado desde fuera. La estabilidad macroeconómica es importante, sí, pero para la mayoría de los hogares la verdadera estabilidad se mide en otra cosa: en si el dinero alcanza, en si el pasaje sube, en si la comida vuelve a encarecerse, en si la factura eléctrica aprieta más de la cuenta.

El Gobierno ha pedido corresponsabilidad, y es válido hacerlo, pero la mayor carga del esfuerzo debe recaer sobre quien administra el Estado y dispone de sus herramientas. La población puede comprender ajustes, lo que no acepta fácilmente es cargar sola con ellos. El discurso de ayer abre una etapa delicada que habrá que gestionar con mucho tacto, mucha disciplina y poca arrogancia.

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