Carolina Mejía hizo en Barahona lo que en política, muchas veces, termina siendo inevitable: decir en voz alta lo que ya se venía moviendo en silencio. Su anuncio de que buscará la candidatura presidencial del PRM y que aspira a la Presidencia en 2028 no sorprendió, pero sí ordena el tablero. A partir de ahora, deja de ser una figura con proyección y pasa a ser una aspirante con nombre, intención y ruta.
Lo importante, sin embargo, no es solo que haya dado el paso, sino cómo intenta justificarlo: hablando de unidad, cercanía con la gente, trabajo desde el territorio y continuidad. Es un discurso propositivo, bien armado, con tono de construcción y no de confrontación. Y eso tiene valor en un momento en que la política dominicana suele caer demasiado rápido en la descalificación, en el ruido interno y en la ansiedad por ocupar titulares.
Ahora bien, una cosa es anunciarse y otra muy distinta convencer. Carolina ha abierto su camino, pero también ha abierto el debate dentro del PRM. Y en política, el reto no está solo en decir “voy”, sino en demostrar por qué se puede llegar. Lo que empezó este fin de semana no fue solo un discurso; fue el arranque visible de una aspiración que desde hoy tendrá que medirse en liderazgo, respaldo y capacidad real de conectar con el país.
