El presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones, Guido Gómez Mazara, ha revelado que los niños dominicanos entre 8 y 14 años pasan en promedio 8.5 horas diarias conectados a internet.
Sería ingenuo hacerlo en una época donde lo digital forma parte de la vida cotidiana. El problema no es el acceso, sino el uso. Ocho horas y media frente a una pantalla no solo desplazan el estudio, el juego físico o la convivencia familiar, también comienzan a moldear una generación con menor capacidad de concentración y mayor exposición a riesgos invisibles.
Desde el llamado “phishing” hasta contenidos inapropiados, pasando por la dependencia digital, los niños navegan muchas veces sin supervisión en un entorno que no siempre está diseñado para protegerlos. Lo preocupante es que mientras ellos pasan cada vez más tiempo conectados, los adultos, padres, escuelas, Estado, no parecen avanzar al mismo ritmo en la construcción de controles y orientaciones efectivas.
El hogar no puede delegar completamente en la escuela, ni el Estado limitarse a advertir. Se necesitan políticas públicas claras, educación digital desde temprana edad y, sobre todo, conciencia familiar. Regular el tiempo en pantalla no es castigo, es protección.
Tal vez no lo veamos hoy, pero las consecuencias, en aprendizaje, salud mental y relaciones humanas, podrían marcar a toda una generación.
