Santo Domingo. Detrás del pelotero veloz, explosivo y eléctrico que brilló en el béisbol dominicano esta temporada, hay una historia de barrio, sacrificio y fe. Stewart Berroa, jugador de Grandes Ligas con los Cerveceros de Milwaukee, se define como un muchacho de La Cañita, en Santo Domingo, que todavía mantiene viva la conexión con su gente, con sus raíces y con la vida sencilla que lo formó.
A sus 26 años, Berroa dice que está viviendo el sueño que tuvo desde niño. Pero su historia no arrancó con lujos ni con bonos millonarios. Firmó al profesionalismo a los 16 años por apenas 10 mil dólares, una cifra pequeña para los estándares de hoy, pero suficiente para abrirle una puerta que supo empujar con trabajo, disciplina y paciencia.
En la entrevista para Dialogando con Glenn Davis, el jugador habló con naturalidad de los momentos difíciles que le tocaron en ligas menores, donde incluso llegó a cobrar apenas 500 dólares al mes. Recordó que tuvo que aprender a recortar, cocinar y hasta trabajar en construcción en Estados Unidos, aun estando firmado, para no quedarse sin opciones. Por eso insiste en que los jóvenes no deben depender solo del talento, sino también prepararse para la vida.
Berroa habló con emoción de sus padres, José Ramón Berroa y Lise Gallate, a quienes definió como “todo” después de Dios. Dijo que son su fuerza, su energía y la razón por la que sale cada día a entrenar. También dejó claro que no le deslumbran los lujos, porque su prioridad sigue siendo organizarse, ayudar a su familia y construir una carrera sólida.
Aunque ya debutó en Grandes Ligas y forma parte del roster de 40 de Milwaukee, Berroa no se vende como un pelotero realizado. Al contrario, habla como alguien que sigue luchando por ganarse su espacio. Dice que quiere establecerse, dejar legado dentro y fuera del terreno, y más adelante ayudar a otros jóvenes que, como él, también sueñan con salir adelante desde abajo.
«Todo es posible, pero hay que ayudar a la suerte, levantarse temprano, trabajar y agarrarse de Dios», finalizó.
