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Periodismo, intrusismo y demás yerbas aromáticas

por Milagros Méndez
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Periodista y locutora Milagros Méndez

Es mundialmente sabido que la comunicación y el periodismo son de los oficios en los que más se ve el intrusismo. Practicantes sin ningún tipo de formación o preparación académica se hacen llamar a la ligera «comunicadores» y «periodistas».

¿Cómo era el asunto en el pasado?
Antes de la promulgación de la Ley 10-91, la cual crea el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y establece el marco normativo de la profesión, no era un requisito obligatorio el tener un título académico para la práctica profesional del periodismo.

Por eso el empirismo era la regla y, a la llegada de esta ley, los que ya se dedicaban a ello, muchos connotados líderes de opinión y periodistas de renombre, quedan agrupados como profesionales en el gremio. Luego de ahí, y hasta la fecha, se exige la licenciatura como requisito para ser miembro del CDP.

Con el auge de las redes sociales y el acceso en general a contar con plataformas digitales propias, cada vez más adeptos, se suman a esta ola de ejercer a ciegas un trabajo que, a otros, tanto les ha costado aprender.

Con esto no se ataca a un individuo, si no, a todo un sistema que ha sido permisivo con este tipo de prácticas, incluyendo medios de comunicación. Y no me refiero a coartar el derecho a la libertad de expresión, jamás, pero sí a detenernos y autoanalizarnos como gremio de lo que se está permitiendo sin ningún tipo de regulación ni filtro.

Es verdad, hay mucha gente talentosa y que tiene muchas cualidades positivas, aparte de la conexión con el público, y que no necesariamente haya ido ni siquiera a una escuela de locución. Sin embargo, si queremos mejores contenidos y actores en la comunicación y el periodismo con la altura que la audiencia merece, el prepararse también debería importar.

Ahora es un orgullo gritar a los cuatro vientos que, sin formación académica, «se le pasó el rolo» a los que sí dedicaron años de estudio. Y con este acto de soberbia, viene el descalificar a un profesional por no ser conocido mediáticamente, siendo el as bajo la manga de aquellos que solo valoran likes y views en las redes antes que a un cerebro bien amueblado y preparado.

¿Y qué pasa con otras áreas profesionales?
Para nadie es un secreto que cometer intrusismo en medicina, psicología, derecho, ingeniería, arquitectura o magisterio conlleva sanciones legales para el que así lo hiciera.

De hecho, la misma sociedad ataca estas prácticas y condena moralmente a quien incurra en ellas, porque hay un respeto y un entendimiento de que no basta con querer, hay que serlo, estudiarlo y contar con los avales y certificaciones pertinentes.

Entonces, ¿por qué cualquierizar el periodismo? ¿Por qué menospreciar un oficio tan noble y por el que muchos han estado dispuestos a dar su vida? ¿Por qué decir en redes sociales que esta carrera debería anularse en universidades y que no es necesario estudiarla?

Y no, no es la gente y su percepción quienes están mal. Hemos sido nosotros mismos quienes le hemos faltado el respeto al trabajo de informar, educar y entretener con criterio, veracidad y responsabilidad. Hemos sido nosotros los que hemos fallado en la ética periodística que prometimos en las aulas cuidar y proteger.

Por eso el llamado va en doble vía: periodistas y ciudadanía. A que juntos protejamos y velemos por el buen ejercicio de ser la voz de aquellos que no tienen el medio o la forma de dar a conocer su realidad y lo que les aqueja. De fomentar la crítica constructiva que nos permitirá con respeto y educación analizar y evaluar con conciencia aquello que representa una debilidad social.

En cada sector hay gente buena y no tan buena. Hay serios y sinvergüenzas, pero esa no debe ser la excusa para empañar el gran trabajo de cientos de hombres y mujeres que hacen patria por medio del periodismo. Este humilde debate, lo coloco a propósito de haberse celebrado y conmemorado el pasado cinco de abril, el Día Nacional del Periodista Dominicano. Fecha que nos invita a que reflexionemos sobre el presente y futuro del periodismo nacional.

En definitiva, ya sea que usted llegó a los medios por un golpe de suerte, una oportunidad brindada, un momento fugaz de viralidad o por la razón que sea, respete el oficio y, al menos, haga lo propio por formarse. No tiene que tener un título de grado o técnico profesional, pero sí aprovechar la coyuntura y alimentar la curiosidad con talleres, diplomados y otros escenarios formativos que le permitirá subir de nivel y ampliar sus oportunidades.

Como sociedad jamás debemos de alentar la falta de formación, por el contrario, República Dominicana necesita ciudadanos y ciudadanas comprometidos con su superación personal y profesional, que luego se traducirá en desarrollo y bienestar para el país.

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