Cuando el presidente Luis Abinader suba hoy a la tribuna de las Naciones Unidas no hablará solamente como jefe de un gobierno. Hablará en nombre de República Dominicana ante un mundo atravesado por conflictos, tensiones comerciales y profundas incertidumbres. Por eso su discurso debe servir, ante todo, para defender con claridad los intereses nacionales.
Haití volverá inevitablemente al centro de la atención. República Dominicana ha insistido durante años en que no puede cargar sola con las consecuencias de una crisis que requiere una respuesta internacional. El desafío ahora es mantener esa posición con firmeza, reclamar resultados concretos y recordar que proteger nuestra frontera y nuestros intereses no contradice la solidaridad con el pueblo haitiano. A eso se suman asuntos igualmente importantes como el comercio, la inversión y la necesidad de posicionar al país en una economía mundial cada vez más compleja.
La tribuna de la ONU ofrece pocos minutos, pero una enorme audiencia. Hoy esperamos un Presidente que hable sin complejos, con prudencia diplomática pero con posiciones claras; que explique al mundo dónde está República Dominicana, qué necesita y qué está dispuesta a defender. Porque en escenarios como este la política exterior deja de ser protocolo: es la voz de un país defendiendo su lugar en el mundo.
