Restauración, Dajabón.— Que el Cuerpo de Bomberos de Restauración lleve más de tres años con su único camión averiado no puede seguir viéndose como una simple carencia de recursos. Es una falla institucional grave que expone a toda una comunidad y evidencia hasta qué punto una necesidad básica de seguridad puede quedar relegada durante demasiado tiempo sin que aparezca una solución efectiva.
Los propios bomberos admiten que están trabajando prácticamente a “manos peladas”. La expresión resume una realidad difícil de justificar: hombres llamados a enfrentar incendios y salvar vidas carecen del instrumento más elemental para desplazarse y responder ante una emergencia. En esas condiciones, cualquier siniestro de consideración podría convertir años de indiferencia en una tragedia anunciada.
Más preocupante todavía es que hayan transcurrido tres años entre promesas, gestiones y espera. El rescatista Joel Aquino asegura que el senador Ney Rodríguez le comunicó que el presidente Luis Abinader aprobó la asignación de un nuevo camión y que el proceso se gestionaría a través de la Lotería Nacional. Si esa decisión existe, corresponde ejecutarla cuanto antes. Un vehículo de emergencia no puede quedar atrapado indefinidamente en el laberinto de la burocracia.
Restauración necesita un camión de bomberos funcionando, no nuevas explicaciones sobre por qué todavía no lo tiene. Después de tres años, la urgencia ya no necesita demostración: lo que falta es respuesta.
