Si hay dos áreas de las actividades humanas en las que las señales juegan un papel determinante son la política y los deportes. Y curiosamente, en el juego inaugural del World Baseball Classic entre la República Dominicana y Nicaragua, ambas parecieron cruzarse en un mismo escenario.
En el béisbol, las señales forman parte esencial del juego. Nada se deja completamente al azar: cada movimiento desde el dugout, cada gesto aparentemente trivial puede estar indicando una jugada que cambiará el curso del partido. En la política ocurre algo muy parecido. Los gestos públicos, las imágenes cuidadosamente construidas y las apariciones compartidas suelen transmitir mensajes que van mucho más allá de lo evidente.
Por eso, aunque bien podría tratarse de una coincidencia, resultará difícil convencer a muchos dentro del Partido Revolucionario Moderno de que la presencia del ministro de Turismo David Collado junto al presidente Luis Abinader en el lanzamiento de la primera bola fue simplemente un detalle protocolar.
Que ambos asistieran al evento, en sí mismo, no tendría nada de extraordinario. Como era de esperarse, numerosos funcionarios del gobierno también estaban presentes en el estadio. Sin embargo, la diferencia radicó en el protagonismo de Collado en un momento simbólicamente cargado: el lanzamiento de la primera bola, acompañado además por el ministro de Deportes Kelvin Cruz.
En el caso del titular de Deportes, su presencia en ese instante resulta perfectamente natural tratándose de un evento deportivo. Pero la pregunta que inevitablemente surge es otra: ¿por qué Collado? ¿Qué mensaje podía estar enviándose con esa imagen?
En política, como en el béisbol, las señales importan. Y muchas veces son deliberadas.
El contexto de las aspiraciones
Desde hace meses, dentro del oficialismo se ha venido consolidando una percepción: la de que el ministro de Turismo se perfila como uno de los aspirantes presidenciales con mayor proyección dentro del partido de gobierno. Su posicionamiento público, su presencia mediática y su desempeño al frente del turismo —uno de los sectores más exitosos de la gestión gubernamental— lo han convertido en una figura naturalmente competitiva de cara al futuro político del oficialismo.
Pero el escenario interno del PRM no se limita a una sola aspiración.
Existe también un proyecto político con raíces profundas dentro del partido: el que impulsa el expresidente Hipólito Mejía, quien promueve la eventual candidatura presidencial de su hija, la actual alcaldesa del Distrito Nacional Carolina Mejía. El liderazgo de Mejía dentro del PRM no es menor. Su estructura política, su peso histórico y su capacidad de movilización territorial lo convierten en uno de los pilares fundamentales del partido que hoy gobierna la República Dominicana.
Por esa razón, cualquier gesto que pueda interpretarse como una inclinación desde el poder hacia uno de los aspirantes inevitablemente genera lecturas políticas dentro de las distintas corrientes internas.
No es que en el PRM solo existan estas dos propuestas presidenciales, Proyectos como los de Wellington Arnaud y Guido Gómez Mazara también han logrado abrirse su propio espacio a lo interno de su partido, sin embargo, el hecho de ser empleados directos del presidente de la república limita bastante su capacidad de disentir ante una orientación de su superior jerárquico.
La delicada posición del presidente
Las inclinaciones personales son parte natural de la condición humana. Sin embargo, cuando se trata del presidente de la República y líder del partido gobernante, esas inclinaciones deben manejarse con extrema cautela.
A ese nivel, cada gesto cuenta. Cada fotografía se analiza. Cada movimiento se interpreta. Lo que para un observador casual podría parecer un simple detalle protocolar, en el contexto de una competencia interna por la candidatura presidencial puede convertirse en lo que muchos en la política llaman “la señal del líder”.
Y ahí radica uno de los mayores desafíos que enfrentará el presidente Abinader en los próximos años.
La selección de la candidatura presidencial de cara a las elecciones de 2028 probablemente constituirá la prueba más delicada tanto para el PRM como para su propio liderazgo político. En ese momento, el presidente tendrá que decidir si actúa como árbitro imparcial de la competencia interna o si, de manera directa o indirecta, inclina la balanza hacia uno de los proyectos en disputa.
Si optara por lo segundo, es muy probable que esa candidatura parta con una ventaja considerable dentro de la estructura gubernamental y partidaria. Pero también podría provocar tensiones capaces de afectar la cohesión interna del partido.
El factor Hipólito
A sus 85 años, Hipólito Mejía podría ser considerado uno de los políticos más experimentados del escenario dominicano. Su trayectoria le ha permitido sobrevivir a crisis partidarias, derrotas electorales y complejos procesos de reorganización política.
Si percibe que la competencia interna se desarrolla en condiciones de equidad y respeto democrático, probablemente aceptará los resultados, incluso si estos no favorecen el proyecto político de su hija. Pero si su instinto político le indica que desde el poder se intenta cerrar el paso a esa aspiración, resulta difícil imaginar que su temperamento permita una resignación pasiva.
La historia política dominicana demuestra que cuando las grandes corrientes internas de un partido se sienten desplazadas, las consecuencias pueden ser profundas.
Los realineamientos inesperados
La política dominicana ha demostrado en múltiples ocasiones que los realineamientos aparentemente imposibles pueden terminar ocurriendo.
En 1996, pocos habrían imaginado a Joaquín Balaguer y Juan Bosch convergiendo en el Frente Patriótico. Tampoco parecía probable que un candidato del Partido de la Liberación Dominicana apareciera también en la boleta del Partido Revolucionario Dominicano. Como fue el caso de Gonzalo Castillo en las elecciones del año 2020
En política, las alianzas no siempre responden a afinidades históricas o ideológicas, sino a intereses estratégicos.
Por eso, algunos analistas consideran que no sería completamente descabellado imaginar que, si se produjera una ruptura profunda dentro del oficialismo, pudieran explorarse nuevos entendimientos políticos. Más aún cuando es conocida la relación personal y política que han mantenido a lo largo de los años Danilo Medina y Hipólito Mejía.
El arte de administrar el poder
Hasta ahora, el presidente Abinader ha demostrado ser un líder prudente y estratégico. Su mayor desafío en la etapa final de su liderazgo político no será únicamente gobernar bien, sino administrar con inteligencia la transición dentro de su propio partido.
Preservar la unidad del PRM y garantizar una competencia interna creíble será probablemente una de las claves para que el proyecto político que hoy gobierna pueda aspirar a mantenerse en el poder más allá de 2028.
Porque en política, como en el béisbol, una jugada puede cambiar el resultado del partido.
Y a veces, todo comienza con una simple señal.
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