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Sin independientes: el retroceso silencioso de la democracia dominicana

por José Noel Pérez
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José Noel Pérez, abogado

La decisión del Congreso Nacional de eliminar las candidaturas independientes en la República Dominicana no es simplemente una reforma electoral: es una señal preocupante sobre el rumbo de la democracia en el país.

Bajo el argumento de “ordenar” el sistema y garantizar transparencia, se ha optado por cerrar una de las pocas puertas que permitían a ciudadanos sin afiliación partidaria aspirar a cargos públicos. La derogación de los artículos clave de la Ley 20-23, respaldada por la sentencia TC/0788/24 del Tribunal Constitucional, deja claro que el sistema político dominicano prefiere la seguridad del control antes que el riesgo de la apertura democrática.

El discurso oficial insiste en el peligro del financiamiento ilícito. Pero la pregunta es inevitable: ¿acaso los partidos políticos están exentos de estas prácticas? La historia reciente sugiere lo contrario.

Eliminar las candidaturas independientes no combate la corrupción; más bien, limita la competencia y fortalece estructuras tradicionales que han sido cuestionadas precisamente por su falta de transparencia.

El resultado es claro: se reduce la pluralidad, se restringe la participación y se envía un mensaje desalentador a una ciudadanía que busca alternativas. Jóvenes líderes, movimientos sociales y figuras emergentes ven ahora más lejana la posibilidad de incidir directamente en la vida política sin someterse a intereses partidarios.

En términos constitucionales, la medida tensiona el derecho a la participación política y debilita el principio de igualdad. Pero más allá de lo jurídico, el problema es político y ético: una democracia que limita opciones no se fortalece, se empobrece.

Hoy no se está organizando el sistema. Se está cerrando.

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