Moscú.– El tiempo se agota para que los presidentes Vladímir Putin y Donald Trump eviten la expiración del START III, el último tratado de desarme nuclear vigente entre Rusia y Estados Unidos, un escenario que dejaría al mundo sin un sistema formal de control de armas estratégicas por primera vez desde 1972.
El vencimiento del acuerdo, firmado en 2010 y prorrogado por última vez en 2021, amenaza con abrir una nueva etapa de inestabilidad estratégica en medio de la guerra en Ucrania y del deterioro de las relaciones entre Moscú y Occidente. Expertos advierten que el planeta podría regresar a una dinámica similar a la de la Guerra Fría, con riesgos comparables a los vividos durante la Crisis de los Misiles en Cuba.
Putin propuso en septiembre de 2025 mantener por un año adicional los límites establecidos por el tratado —1,550 cabezas nucleares, 700 misiles balísticos y 800 sistemas de lanzamiento— como medida temporal para preservar la paridad nuclear. Sin embargo, según el Kremlin, Washington nunca respondió de manera oficial.
Trump, que ha mostrado escepticismo frente a los acuerdos de desarme sin la participación de China, dejó clara su postura a principios de enero. “Si expira, pues que expire”, afirmó en una entrevista, apostando por negociar un acuerdo “mejor” en el futuro.
La eventual desaparición del START III genera preocupación en la comunidad internacional. Rusia y Estados Unidos concentran cerca del 87 % de las armas nucleares del mundo, y analistas temen que, sin límites verificables, ambas potencias aumenten rápidamente el despliegue de cabezas nucleares.
A este escenario se suma la suspensión parcial del tratado anunciada por Moscú en 2023, que impide inspecciones mutuas, así como el desarrollo de nuevos sistemas de armamento no contemplados en el acuerdo. Para muchos expertos, la falta de un marco común de confianza podría acelerar una carrera armamentista más compleja y peligrosa que la del siglo XX.
