La resolución del Ministerio de Interior y Policía que prohíbe las fiestas masivas en playas, ríos y balnearios durante Semana Santa merece respaldo. No solo por un tema de orden y seguridad, sino porque llega en un momento donde el país necesita más cabeza fría que ruido. Con una crisis internacional golpeando los precios del petróleo, los combustibles y la comida, lo último que conviene es promover un ambiente de descontrol, exceso y gasto sin medida.
El presidente Luis Abinader fue claro el pasado domingo cuando advirtió que la situación mundial obliga al país a tomar decisiones para proteger la estabilidad. Eso no se queda solo en el Gobierno. También toca a cada familia, a cada ciudadano y a cada negocio entender que este no es un momento para andar como si nada estuviera pasando. Hay que pensar bien en qué se gasta, cómo se administra el dinero y cuáles son las prioridades reales de cada casa.
Cuidar el bolsillo, evitar gastos innecesarios y moverse con comedimiento no es amargarse la vida; es actuar con responsabilidad frente a una realidad que hace rato que estamos sintiendo.
