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Cacería de reputaciones

por Milagros Méndez
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Periodista y locutora Milagros Méndez

«Se necesitan 20 años para construir una reputación y 5 minutos para arruinarla». –Warren Buffett

La reputación es una forma en la que los demás nos ven, nos valoran. Una construcción de modales, valores, actitudes y aptitudes que desarrolla el ser humano en torno a su persona. Un prestigio que se tarda años en levantar y segundos en derrumbar. Por eso es tan codiciada y a la vez tan frágil.

En la época de la viralidad, de lo instantáneo, de lo urgente, de lo vacío; conservar y cuidar una buena reputación se ha convertido en un deporte Olímpico. Todos tienen una opinión, un comentario, un «like», una reacción, una verdad. Y no, no es que no podamos gozar de nuestro derecho a la libertad de expresión es, que cada derecho, viene con un deber, y ese es el detalle que de vez en cuando se nos olvida.

Nadie está exento. Nadie se escapa del Tribunal y las Altas Cortes de las Redes Sociales. Una comunidad, en la que, lamentablemente, muchas páginas, usuarios y medios de dudosa procedencia, cometen el agravio de divulgar y multiplicar noticias falsas, alejándose completamente del carácter básico de un buen periodismo: informar con veracidad y comprobación de datos sobre una realidad supuesta o concreta.

Pero también el descrédito y las calumnias se dan a lo bajo, en la obscuridad, en la clandestinidad, a lo callado. Rumores que se van repitiendo una y otra vez hasta que el beneficio de la duda se convierte en certeza. Ese famoso boca a boca, que poco a poco carcome trayectorias y el buen nombre de gente honrada.

No es que no se quiera una sociedad más crítica, atenta y sigilosa. Por el contrario, hombres y mujeres que velen por el respeto, la dignidad, la transparencia y la ética, es lo que toda nación saludable necesita. En lo que no podemos caer es en el juego de ser jueces del teclado, en el que todo es todo y nada es nada. Los juicios mediáticos terminan condenando al acusado antes de que haya una sentencia real, quedando marcado de por vida.

Hoy más que nunca vemos a diario una cacería de reputaciones, mentiras que se disfrazan de verdad con el único fin de dañar y lacerar lo que tanto tiempo ha costado cultivar. Por eso es tan importante escuchar las dos campanas de una misma historia y luego sacar conclusiones.

Les pongo el ejemplo de la gallina. Después que le quitas todas sus plumas, es imposible volver a ponérselas. O el del vaso de cristal. Una vez que se rompe, no vuelve a ser el mismo, aunque recojas los pedazos y los vuelvas a unir. Eso es exactamente lo que pasa con las reputaciones o el renombre: una vez cometido el daño, nada es igual.

Por tanto, seamos cautos, no nos llevemos por la vorágine del momento; investiguemos, indaguemos, contrastemos, hasta llegar a la verdad. Lo sucedido en estos últimos días con figuras políticas, empresariales y del entretenimiento en nuestro país es un claro llamado de atención para que cuidemos nuestro accionar, nuestro entorno, lo que decimos y lo que hacemos, sobre todo, cuando nadie nos ve.

Al final del día, la reputación no es solo percepción, es la esencia misma de lo que somos y de cómo nos conducimos por la vida.

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