La Cordillera Septentrional está generando un ruido innecesario, y actualmente la gestión del presidente Luis Abinader no aguanta más frentes abiertos. La situación requiere escucha, sensatez y política en su mejor versión. Esa que previene conflictos antes de que escalen. En ese contexto, el presidente Luis Abinader tiene en sus manos una salida simple y poderosa: llamar al padre Nino Ramos, invitarlo a Palacio y sentarse a conversar.
No se trata de que presidente perderá su autoridad. Se trata de entender que cuando un conflicto se convierte en un reclamo social, ignorarlo o confrontarlo solo lo agranda. El padre Nino Ramos no es un actor marginal ni un provocador; es una voz con arraigo comunitario, con legitimidad en amplios sectores del Cibao, y su palabra hoy canaliza una preocupación real.
A pocas días del discurso de rendición de cuentas, abrir un nuevo foco de tensión resulta innecesario y poco inteligente. La estabilidad política también se construye con gestos, y este sería uno de esos gestos que descomprimen y reiteraría a la población el mensaje de un Gobierno que escucha y no actúa de espalda a los ciudadanos.
Todavía hay tiempo señor presidente. Un encuentro franco, puede marcar la diferencia. Todavía se puede corregir el rumbo de ese tema, antes que se vuelva más grande que la solución.
