El mercado cambiario regional arrancó 2026 con una señal clara: la debilidad del dólar. El índice DXY, que mide la fortaleza de la moneda estadounidense frente a una canasta de divisas, acumula una caída de 10,66 %, impulsando una apreciación selectiva de varias monedas latinoamericanas.
El movimiento ha favorecido a las principales economías de la región, con avances liderados por el real de Brasil, el peso de Chile, México y Colombia, en un contexto de mayor flujo de capitales hacia mercados emergentes.
Según analistas consultados por Bloomberg, este comportamiento responde al regreso del carry trade, una estrategia que gana atractivo por los diferenciales de tasas de interés, junto a un mayor apetito por el riesgo y una menor percepción de vulnerabilidad en estos mercados.
Paula Chaves, analista del bróker HFM, explicó que la combinación de mercados líquidos, marcos monetarios creíbles y exposición al ciclo de materias primas ha vuelto a colocar a la región en el radar de los grandes fondos. A esto se suma la debilidad estructural del dólar, que refuerza el atractivo relativo de las monedas locales.
País por país
En Brasil, el fortalecimiento del real se apoya en su peso como mayor economía regional y en su rol como exportador clave de materias primas, en un momento en que los inversores buscan alternativas fuera de Estados Unidos. Aunque el calendario electoral de 2026 podría introducir volatilidad, las políticas monetarias estables sostienen la confianza.
En México, el peso combina alta liquidez, operaciones de carry trade y una narrativa estructural vinculada al nearshoring, lo que lo mantiene entre las divisas emergentes más demandadas.
El peso chileno ha reaccionado al alza ante mejores perspectivas para el cobre, el litio y otros insumos estratégicos, mientras que en Colombia influyen tanto los flujos financieros como el ciclo de las materias primas y la prima de riesgo.
Perspectivas
Emanoelle Santos, analista de XTB Latam, señaló que el desempeño futuro dependerá de la evolución del dólar, los rendimientos en Estados Unidos y el apetito global por el riesgo. También serán claves el comportamiento de las materias primas y la demanda de China.
En el plano interno, factores como la desinflación, los recortes de tasas de los bancos centrales, la estabilidad fiscal y el riesgo político marcarán las diferencias entre países, en un ciclo que podría extenderse hasta tres años si no surgen shocks externos.
