Iniciamos el año 2026 con una mezcla de esperanza y desafíos que no admiten evasivas. No es un año cualquiera, ya que nos obliga a mirar con honestidad dónde estamos, cómo llegamos hasta aquí y, sobre todo, hacia dónde queremos ir como sociedad.
Hoy, el país muestra avances importantes en distintas áreas: crecimiento económico, mayor proyección internacional, mejoras en indicadores sociales específicos y una institucionalidad que, con aciertos y tropiezos, ha intentado fortalecerse. Pero sería un error, y una irresponsabilidad, no reconocer que aún arrastramos brechas profundas que no se resuelven con cifras, discursos ni inauguraciones.
La desigualdad social sigue marcando la vida cotidiana de miles de dominicanos. El acceso al agua, a la salud o a servicios básicos no puede depender de la suerte o la capacidad de resistencia de las familias. La violencia, en sus distintas expresiones, continúa cobrando vidas, erosionando la confianza y normalizando lo inaceptable. Y la inseguridad vial, por ejemplo, ya no puede verse como una fatalidad, sino como una deuda estructural del Estado y de la cultura ciudadana.
A esto se suma una realidad incómoda de reconocer: la desconfianza en las instituciones, en la política, en la justicia, y muchas veces entre nosotros mismos. Sin confianza no hay cohesión social, y sin cohesión no hay proyecto de nación que se sostenga en el tiempo.
El 2026 nos exige madurez colectiva. No todo es responsabilidad del Gobierno, ni todo puede descargarse en la oposición, en los partidos, en la iglesia o en la sociedad civil. El país necesita abandonar la cómoda cultura del señalamiento permanente y asumir la corresponsabilidad. Cada sector tiene una cuota de deber histórico que no puede seguir postergando.
Este debe ser un año para recuperar valores como la ética pública, el respeto a la ley, la empatía social, la cultura del cumplimiento. Porque el verdadero desarrollo no se mide solo en crecimiento económico, sino en dignidad, en convivencia y en oportunidades reales.
La República Dominicana tiene con qué avanzar. Gente trabajadora, talento joven y recursos naturales. Que el 2026 no sea solo un cambio de calendario. Que sea el año en que decidamos, como nación, tomarnos en serio.
